jueves, 28 de enero de 2010
Réquiem por Numa
Jamás olvidaré tus ojos, casi blancos de tan azules. Con esa penetrante mirada, parecías atravesar todas las barreras dentro de mi cerebro.
El primer día que te vi, vagabas en la noche sin rumbo fijo, temerosa de todo lo que se te acercara. Sucia por la intemperie, asustada por los palos recibidos y triste por la soledad y el desconsuelo. Me costó que te acercaras, pero después de varios intentos, sin el ruido del motor del coche y con una galleta como ofrenda, decidiste superar el miedo y confiar. O quizá fue el hambre que estrangulaba tu estomago, la que te empujó a acercarte.
Después de un rato de caricias y un par de galletas, te pregunté: -¿Subes? Abriendo la puerta del coche como si entendieras lo que decía. Ni siquiera dudaste un segundo, de un brinco te subiste y te enroscaste en el asiento trasero, al arrullo de la calefacción.
Pasados unos minutos, en cuanto entraste en calor, observabas mi rutinario reparto de la prensa diaria con atención. Mientras conducía acercabas tu hocico a mi cabeza, olisqueando, intentando descubrir algo más con tu más desarrollado sentido. Tengo que reconocer que ciertas veces me asustabas, porque en realidad no conocía tu intención. Pero tu mirada no provocaba temor alguno, sino inesperada calma después de un tiempo de desamparo. Lo nuestro fue amor a primera vista. Tú estabas perdida y sola, y para mi fuiste el primer contacto directo con alguien de tu especie.
Al llegar a casa, en mi cabeza no cabía otra opción. Debíamos obtener la aprobacion del resto de la familia, pero no dependía únicamente de nosotros.
Mamá en principio se asustó, le daban miedo los perros. Pero pusiste tu mejor carita de pena y la conquistaste al instante. Protestó y renegó, pero ya estaba conquistada y finalmente accedió con un: -¡Lávala toda esa suciedad que trae y luego ya veremos! Ya estaba hecho.
La convivencia en casa, tras un breve periodo de adaptacion, tengo que decir que desde un principio podría describirse como correctísima. Eras obediente, no ladrabas, aceptabas todo tipo de carantoñas y juegos... En fin, todo lo que cabía desear en una perra.
Si que es cierto que siempre has dejado notar tu lado salvaje. Acataste todas las normas, pero poco a poco también impusiste las tuyas. Cariñosa al máximo, pero solo cuando tú querías. Tu comida era tuya, y una vez entregada ya no se te podía quitar, excepto por mamá, que la acogiste como la suma protectora. En la calle, indomable, pero nunca violenta, excepto con los congéneres que osaban acercarse a nosotros sin tu consentimiento expreso.
En estos doce años, para mi ha sido un honor pasearte, enseñarte mi mundo y darte a conocer a mi gente cercana. Siempre con tu peculiar personalidad de husky, que provocaba más de una anécdota. Pero siempre me he sentido orgulloso de tenerte como amiga y cualquiera que me conozca puede corroborarlo.
Nos has aportado tu alegría, tu vitalidad y tu dócil comportamiento. Has respetado las normas, y aquí si que no cabe ni un "casi siempre", porque aprendiste a comportarte con nosotros y jamas te saliste de la linea establecida. A pesar de tu espíritu independiente, nunca dejaste de demostrar tu lealtad. Aunque me fui de casa, siempre acudías a mi llamada y te alegrabas de verme cuando os visitaba.
Mucha gente no entendía como podíamos querer tanto a "un perro". Pero es que para mí, nunca fuiste solo un perro. Te he sentido siempre como mi hermana pequeña de cuatro patas, la cual nunca aprendió a hablar, pero que era capaz de expresarlo todo con una mirada o un gesto.
Podía pasar horas acariciando tu pelaje, el cual cuidabas, limpiabas y mimabas con inusitado esmero, supongo que debido a tu instinto de supervivencia, siendo consciente de que ese pelaje era tu mayor protector. No he conocido ningún otro perro, que jugando tuviera tantísimo cuidado de no mordernos, eras capaz incluso de hacerte daño tu misma con retorcidas posturas, antes que producirnos el mínimo daño. Hasta cuando se te daba algo suculento que ansiabas coger y te hacia de rabiar, tenías cuidado de ni siquiera rozarme con tu poderosa dentadura. Ni siquiera al veterinario te volvías por mucho daño que te produjeran las curas. Todos se sorprendían de tu notable bondad.
Hace unos meses te detectaron un cáncer. Combatiste la primera embestida con el coraje de los lobos. Ni protestaste. Saliste airosa de una operación que era capaz de sobrecoger al más insensible. Día a día te exaltabas en tu recuperación y nos deleitabas con tus juegos y ganas de vivir.
Pero el cáncer arremetió con su lacra incesante. Aguantaste la segunda operación, pero él también. Aprovechando tu debilidad se apoderó de tu cuerpo. Aunque jamás de tu espíritu. No consentiste quejarte ni aun cuando ni siquiera podías andar. Simplemente un lloriqueo de vez en cuando, para hacernos notar que algo no estaba bien, y tú ya lo sabias.
Ayer finalmente, sobrepasando el egoísmo de quererte tanto y atenazados por las circunstancias que no nos ofrecían alternativa alguna, decidimos ahorrarte el resto del sufrimiento, (en realidad la decisión fue de mamá que no soportaba verte así, pero respaldada de antemano por todos).
No han pasado unas horas, y ya siento tu ausencia, añoro pasar mis manos por tu suave pelo, desearía ver esos ojos mirándome una vez más, abrazarte como si fueras un peluche y que tú, jugando, escaparas de mi abrazo, instándome para que te volviera a coger. Me gustaría volver a confundirte con mis juegos y que pusieras esa cara de intriga como la que muestras en la foto.
No me importaba que no salieras a saludarme cuando llegaba a casa como cualquier otro perro haría, sabía que a tu manera me apreciabas y lo demostrabas con tus sutiles gestos de cariño. Incluso en tus últimos días, y dolorida hasta la médula, eras capaz de levantarte y con paso lento venir a buscarme moviendo la cola.
"Son perros" dice la gente, "todos hacen lo mismo". ¿Pero alguna vez os habéis parado a pensar y poneros en su lugar? Son perros, sí, pero aportan todo lo que tienen, toda su vida te la entregan dentro de sus limitadas capacidades. No conocen la maldad, son inocentes desde su nacimiento hasta su último aliento. Haces con ellos lo que quieres, los enseñas, los lideras, los mantienes, los engañas, algunos "hijos de perra" hasta los maltratan, y te siguen siendo fieles, siempre. Dependen de ti hasta para cagar, nunca mejor dicho.
Puede que a veces nos subroguemos a ellos y los intentemos personalizar, pero todavía estoy buscando a alguien que sin caer directamente en el especismo, me diga porque tienen menos derecho a vivir y a ser queridos.
¿Os habéis dado cuenta alguna vez de que los perros nunca olvidan a sus amigos? Siempre hacen amigos nuevos, pero los antiguos perduran en su cabeza. Pienso que es algo que deberíamos aprender los humanos.
En fin Numa, has sido mi primer amor de cuatro patas. Me siento muy dolido por tu pérdida, pero sé que pasará y que siempre tendré un recuerdo precioso en mi mente que me será fiel como lo fuiste tú durante toda tu vida. Echaré de menos tus lametazos, tus aullidos de contenta, tus juegos, rascarte la tripa. No olvidaré tu calor cuando mamá no se enteraba y te subías al sillón conmigo, ni cuando venías a despertarme por las mañanas, ¡eras la única que conseguía despertarme de buen humor! Ojalá hubieras vivido cien años, pero tu ciclo vital terminó, te hemos cuidado lo mejor que hemos podido, y nos lo has recompensado con todo lo que podías aportar, lo que ha compensado con creces. Agradezco haberte conocido y que hayamos compartido camino todos estos años. Crecer y madurar con la experiencia de tenerte cerca ha sido precioso. Compartiré tu instinto territorial y nunca nadie suplantará tu sitio en mi corazón.
Vivirás en mi mente, seguiré hablándole a la gente de ti, contando nuestra historias, enseñando tus fotos y recordando siempre tu presencia.
Sé que un réquiem es un cantar y esto no lo es, pero no sabía como llamarlo. Sé que si aun existieras, no entenderías todo esto que te digo, pero no voy a perder ahora mi costumbre de hablarte como a una persona. Sé que te mereces mucho más, pero esto es lo mejor que sé hacer. Y sé que ya no estás, pero si mi pensamiento estuviera equivocado y tu espíritu residiera en el algún lugar, deseo que descanses en paz.
Gracias por ser tan buena, tan especial y hacernos tan felices.
Te quiero hermanita.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)

